Entrada 24 julio

El pasado lunes 24 de julio, tuve mi primera clase de Investigación Social. No, mi primera clase de todo el semestre. Recuerdo que la noche anterior había dormido bien, algo extraño, porque mi horario de sueño en vacaciones fue un desastre, y, por ende, me desperté sin problema alguno. Llegué a la Universidad de La Sabana por ahí a las seis y cuarenta de la mañana, mi medio de transporte ese día fue el bus de la Universidad, que me recogió puntualmente a las seis sobre la autopista. Al bajarme del bus, noté inmediatamente que hacía mucho frío y me arrepentí de no haber llevado mi bufanda. Ahora por culpa de eso, escribo esta bitácora con una terrible gripa. Mientras pasaba el puente de madera, y justo antes de que el vigilante me pidiera mi carnet, escribí un recordatorio en mi teléfono celular para guardar la bufanda en la maleta cuando llegara a mi casa.

Al pasar el puente de madera, volví a sacar mi teléfono celular para mirar mi horario, necesitaba saber dónde era la clase de Investigación Social. G-102. Lancé un suspiro de alivio por dos cosas, la primera, que no tenía que caminar tanto, pues el Edificio G no estaba tan lejos, y la segunda, que ese salón no tenía los incómodos y pequeños puestos que otros salones en la universidad tienen. Llegué al salón a las seis y cincuenta y dos. Me llamó la atención que el profesor ya estaba en el salón, estaba sentado en su puesto usando su computador. En fin, busqué asiento y me senté en la tercera fila, justo al lado del pasillo de la mitad.

Mientras esperaba a que pasaran los minutos y empezara la clase, aproveché para meterme a mis redes sociales. Saqué mi celular y me metí a Twitter, para verificar que noticias habían en el mundo del deporte: Qué jugadores habían cambiado de equipo ese día, la posible lista de convocados del Junior de Barranquilla para el partido de ese lunes contra Alianza Petrolera o qué había pasado con el caso Neymar, que parece que está cerca a unirse al PSG. Después, abrí Instagram y vi cómo algunos de mis amigos aún estaban en vacaciones. Qué envidia. Algunas fotos de playas paradisiacas después, el profesor se paró y se preparó para empezar la sesión.

Tras pararse, el profesor nos saludó y se presentó como Juan Sebastián Cobos, nos mostró un poco sobre la materia, sobre los temas que íbamos a abordar y más cosas. Nos preguntó si alguien nos había dado información del profesor o de la materia, nadie dijo nada, pero sí, ya me habían dicho por ahí: “meta Investigación con Cobos”. Inmediatamente después, nos puso un ejercicio de introducción, pero afortunadamente, no era el típico. Nos dijo que dibujáramos algo en una hoja que nos caracterizara, no podía ser ni un ser vivo, ni comida. Tenía que ser un objeto inanimado. La verdad, al principio no sabía que cosa dibujar, pensé en dibujar una guitarra, o un televisor, o un celular. Pero, al final me decidí por dibujar un objeto un poco más abstracto. Dos corcheas (♫).

Elegí las dos corcheas (♫) por encima de una guitarra o un piano, por ejemplo, porque la nota casi que simboliza toda la música, más allá de un instrumento o una canción. En fin, después de que hiciéramos los dibujos, el profesor nos explicó un poco de lo que era la grafología y de cómo de un simple dibujo podía revelar muchas cosas de una persona. Después, Sebastián nos repartió los dibujos de nuestros compañeros para que intentáramos descifrarlos por sus dibujos. A mí me tocó un dibujo de un libro, y puse que el dibujante era una persona intelectual y culta, la verdad no sé si haya inferido bien.

Después, el profesor leyó algunas de nuestras suposiciones. Leyó lo que alguien había escrito en mi dibujo: “Amante de la música”. Sí, así es. “Toca algún instrumento”. De nuevo, el indagador aceptó, toco la guitarra y compongo en el piano. “Relajado”. Le pegó, conozco pocas, muy pocas, personas más relajadas que yo. “Creatividad”. Un poco, a los músicos nos toca ser creativos. “Ágil con las manos”. Ahora sí no, por extraño que parezca solo tengo agilidad en las manos cuando toco algún instrumento, pero cuando escribo, cuando hago algún dibujo o algo por el estilo, juro que soy la persona menos motriz del mundo. Mi indagador acertó cuatro de cinco. No está mal.

Mientras el profesor Cobos mostraba algunos dibujos más, como el de un resorte o el de un avión, nos explicaba un poco más sobre esta grafología, y de cómo los dibujos que estaban en el centro de la hoja eran de personas centradas, de cómo los dibujos que estaban un poco a la izquierda eran de personas más familiares o más introvertidas y de cómo los que estaban a la derecha eran de personas probablemente un poco más atrevidas, emprendedoras o aventureras. Inmediatamente miré mi hoja y me di cuenta de que mis corcheas estaban en casi la mitad de la hoja. A los pocos segundos, guardé esa hoja en un bolsillo de mi cuaderno.

El profesor Cobos, nos dijo que, a partir de ahora, todas las clases, teníamos que llevar nuestros computadores, tanto para usarlos para buscar material de clase, como para ir adelantando las bitácoras y de pronto no hacerlas tanto de memoria. Ah sí, las bitácoras. En algún momento de la clase, no me acuerdo si fue antes o después de los dibujitos, el profesor nos mandó a hacer una bitácora de cada clase, con todos los detalles posibles de mínimo mil doscientas palabras, que, habitualmente son dos páginas de Word. Estas bitácoras debían ser mandadas al correo electrónico del profesor.

Poco después de que el profesor nos informara lo de los computadores, busqué en mi celular, en la aplicación de la Real Academia Española, el significado de Bitácora, ya que no tenía muy clara la definición, la leí, no le encontré mucho sentido y terminé, como siempre, metido en Twitter unos cinco minutos.

El profesor empezó a explicar varios conceptos interesantes sobre cómo retenemos el conocimiento, y se refirió al triángulo de Edgar Dale. Me llamó mucho la atención, porque justamente en estas últimas vacaciones, en medio de mi desocupe, había visto ese triángulo después de pasar horas en internet alguno de esos días. Ese triángulo refleja de manera precisa cómo yo retengo el conocimiento en mi mente. Me creo ese cuento de que cuando leo, solo el 10% queda retenido en mi cabeza.

Otra cosa que vimos que me llamó la atención fue la Taxonomía de Benjamin Bloom. Él expone seis conceptos importantes: Memorizar, Comprender, Aplicar, Analizar, Evaluar y Crear. Esto funciona así: para comprender, toca memorizar; para aplicar, toca memorizar y comprender; para analizar, toca memorizar, comprender y aplicar; etc.

Después de exponer varios de estos conceptos, el profesor Cobos finalizó la sesión media hora antes de las nueve, un horario perfecto para mí, porque tenía mucha hambre y me quedaba perfecto para comer sin llegar tarde a la próxima clase. Me paré, me despedí del profesor Cobos y tomé mi rumbo hacia el edificio K a comerme un croissant.

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